Azotad a los caballos y gritad
la garganta en un desgarro
manantial de mariposas desmembradas
no paréis hasta la noche hasta que el
alma se detenga
avanzad hacia lo oscuro hacia la carne
y el abismo
no dejéis de hablar
y no dejéis que nada mienta
arrojad a la corriente el equipaje
escuchad el concierto de las llamas
un corazón
un cementerio
una esperanza
la realidad que se consume en el
aullido
de los centros comerciales
ya pronto cielo ya pronto nada
somos ceniza en tierra yerma
y la verdad
es el silencio que susurran los
espejos.
nuestra cabeza es un incendio
silenciado
detened el vuelo de los pájaros
degollad
un hombre bueno
arad la tierra con sus huesos
derramaos
derramaos hasta inundarla
reventad los rascacielos
y corred
corred
corred
como la furia que extinguió vuestra
llamada
gemid en libertad
infelices
sin rebaño.
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