martes, 21 de julio de 2015

La marquesa salió a las cinco.  Buscaba una frase hermosa. 

Cualquier frase puede ser hermosa.  Pero no todas.   

Cualquiera y todas.  Ninguna. 

Sintió en sus carnes el infarto de lo canónico. Incapaz de reconocer la belleza en cualquier forma.  Le faltó el aliento.  Se detuvo apenas cruzar el umbral.  Suspiró, entregó su espíritu.

Siempre fue certera en lo social. 

Se condenó: era muy torpe para lo íntimo.

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