La marquesa salió a las cinco. Buscaba una frase hermosa.
Cualquier frase puede ser hermosa. Pero no todas.
Cualquiera y todas. Ninguna.
Sintió
en sus carnes el infarto de lo canónico. Incapaz de reconocer la
belleza en cualquier forma. Le faltó el aliento. Se detuvo apenas
cruzar el umbral. Suspiró, entregó su espíritu.
Siempre fue certera en lo social.
Se condenó: era muy torpe para lo íntimo.
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